viernes, 9 de noviembre de 2007

Cómo ser un idiota y morir en el intento

El ser humano posee el instinto de supervivencia, pero existen individuos que por sus actos se les puede considerar idiotas o estúpidos, aunque siguiendo la teoría de Charles Darwin (1809-1882) sobre la selección natural, protegen nuestro grupo genético sacrificando sus propias vidas. Los premios «Darwin» se otorgan a título póstumo y homenajean a los que se eliminan a si mismos de una forma extraordinariamente idiota, lo que mejora las posibilidades de una supervivencia de nuestra especie humana a largo plazo.

Los ganadores de este preciado y tal vez macabro galardón de este año que acaba de terminar ya han sido elegidos. El primer premio, por mayoría de votos, recayó en un mecánico brasileño que intentó abrir una granada RPG (Rocket Propelled Grenade), de impulsión por cohete, haciendo pasar varias veces su coche por encima. Pero como la técnica no le funcionó, continuó sus esfuerzos por abrir el artefacto a base de darle golpes con un martillo. La explosión no sólo acabó con su vida sino que destruyó su taller y seis coches que estaban dentro. La policía encontró después otras 14 granadas del mismo tipo en otro de sus coches que estaba aparcado frente al taller, así que pensaron que la intención del mecánico era desmontar la granada para venderla como chatarra. Por lo menos pudo consiguir su propósito porque si la granada estaba intacta, ahora sí es chatarra.

Un caso similar, aunque éste no fue seleccionado para los premios, ocurrió en Vietnam. Tres hombres que recogían metal de desecho encontraron una bomba de 500 libras sin explosionar que estaba enterrada en la cima de una colina. Decididos a quedarse con tan valioso hallazgo, hicieron rodar la bomba ladera abajo ayudados por la ley de la gravedad. La detonación dejó un cráter de cuatro metros de diámetro y envío a los tres empresarios de la chatarra a una reunión urgente cara a cara con su Creador.

Las cometas no son inofensivas.

Tampoco salió bien parado Kennon, un joven de 26 años de Belice, en sus intentos por hacer volar una cometa de la misma manera que lo hizo Benjamín Franklin, cuando consiguió demostrar así que las nubes están cargadas de electricidad. El problema es que Kennon no tomó las mismas precauciones que el famoso inventor y, como no tenía un cordel a mano, decidió atar la cometa a un fino hilo de cobre y hacerla volar justo debajo de una línea de alta tensión. Pero si la cometa de Franklin ardió en las alturas por la descarga de un rayo, esta vez fue Kennon el que quedó carbonizado en el suelo cuando el hilo de cobre entró en contacto con los cables portadores del alto voltaje. ¿Mala suerte?... pues no, fue una estupidez por su parte ya que su padre dijo que su hijo era electricista y debería "haber sabido lo que le podía pasar". Sin embargo Kennon no gana ningún premio porque tenía seis hermanas y cinco hermanos, lo que hace que sus genes sobrevivan para la posteridad.

Respira hondo cariño.

Los que no sobrevivieron fueron dos jóvenes estudiantes estadounidenses de 21 años, ganadores del segundo premio de este año. Un día que no tenían nada que hacer, Jason y Sara, que así se llamaban, se metieron dentro de un globo publicitario lleno de helio que estaba flotando frente a un comercio en las afueras de su pueblo y que previamente habían hecho descender. Sus últimas palabras, que nadie llegó a escuchar, fueron con toda seguridad pronunciadas en el tono agudo y risueño que produce la inhalación de este gas noble, y unos segundos antes de perder el conocimiento y fallecer por falta de oxigeno. Jason estudiaba en la universidad en la rama de ciencias y Sara atendía las clases de una escuela superior. Al parecer, algo debió fallar en su educación básica porque ninguno de los dos tuvo en cuenta que los seres vivos necesitan respirar oxigeno para vivir. El sheriff del condado explicó depsués que los fallecidos no fueron víctimas de un juego y que tampoco encontraron restos de drogas o alcohol en sus cuerpos. Cuando se inhala helio, la carencia de oxígeno en la sangre causa una rápida pérdida del conocimiento. Algunos expertos partidarios de la eutanasia, abogan por el uso del helio para poder perder la vida de forma rápida y sin dolor. Es lo que se llama una muerte dulce.

El último cigarro

Ya se sabe que el tabaco es muy perjudicial para la salud, pero parece que esto no lo tuvo en cuenta un británico de 60 años que estaba ingresado en un hospital. El hombre tenía todo el cuerpo untado con una crema a base de parafinas amodo de tratamiento contra una enfermedad que padecía en la piel. Los médicos y enfermeras le advirtieron seriamente que, aparte de estar prohibido fumar en el hospital, no debería encender un cigarro o acercarse a una llama porque una simple chispa podría inflamar la crema que le habían aplicado. Pero la abstinencia que produce la nicotina pudo más que el consejo del médico y, saliendo a una escalera exterior del edificio, encendió allí su cigarrillo. Todo fue bien hasta que se le ocurrió tirar la colilla al suelo. Los pantalones del pijama habían absorbido la crema y, cuando intentó pisar la colilla su talón rozó la brasa del cigarro. El hombre se convirtió en una antorcha humana en cuestión de segundos y murió unos días después, en el departamento de cuidados intensivos del hospital, a causa de las quemaduras.

Los premios «Darwin» (http://www.darwinawards.com) se otorgan desde 1994 en base a las votaciones que dan los lectores a todos y cada uno de los casos que son debidamente controlados. Cada año hay dos ganadores y nunca faltan candidatos. También se conceden dos menciones honoríficas a los que hicieron los mejores méritos para poder convertirse en un perfecto idiota, pero tuvieron la mala suerte de no morir en el intento.

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